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Puebla: el Estado las obliga a parir, sus novios las asesinan por negarse a abortar

Por Ma. Graciela León y Lydia Zárate

Su cuerpo reducido fue oculto en una maleta. Como si de un animal se tratase, el asesino de Iraís, padre de su futura(o) hija(o), le inyectó una sustancia tóxica que le provocó la muerte antes de deshacerse de su cadáver. Iraís tenía 6 meses de embarazo: ésa fue la (sin)razón por la que Juan Carlos Sánchez Pérez, su novio, le arrebató la vida. Iraís decidió que quería tener un hijo. Juan Carlos decidió que Iraís era un objeto desechable que arruinaría su futuro si se empeñaba en continuar con su embarazo. Por eso la asesinó.

Iraís Ortega Pérez estudiaba Cultura Física en la Universidad Autónoma de Puebla. Tenía sólo 23 años cuando desapareció. Después de un mes de esfuerzos de sus familiares, encontraron su cuerpo y consignaron a su asesino y a su cómplice, Jimena Ramírez, con quien Juan Carlos también sostenía una relación sentimental.

El 30 de enero de 2014, unos meses antes del asesinato de Iraís, Karla López Albert, de 31 años, con un embarazo de 5 meses, fue citada con engaños por su pareja, Manuel Forcelledo Nader, en un salón de fiestas propiedad de su familia, también en Puebla. Ahí, Manuel y otros tres hombres (a quienes les pagó $7,000 para que lo ayudaran a asesinar a Karla) le propinaron una brutal golpiza que la hizo abortar y después la asfixiaron. Al igual que Iraís, Karla se había rehusado a abortar, como Manuel se lo exigió.

Exactamente un año después del asesinato de Iraís, y más de un año después del de Karla, la pesadilla que nunca debió suceder vuelve a repetirse una vez más, en el mismo lugar: Puebla, refugio de personajes como Kamel Nacif Borge, empresario denunciado por la periodista Lydia Cacho por estar implicado en redes de pederastia y pornografía infantil, y Mario Marín, ex Gobernador de Puebla y encubridor de Nacif. Paulina Camargo, de 19 años, fue golpeada y estrangulada hasta la muerte por su novio José María Sosa Álvarez por negarse a interrumpir su embarazo, según lo confesó él mismo. Después, como lo hizo Juan Carlos con Iraís, José María arrojó a un basurero el cuerpo de Paulina, que actualmente está siendo buscado en un relleno sanitario, perdido entre más de 5 mil toneladas de basura.

Feminicidas

El mensaje que subyace a la barbarie de la que somos objeto las mexicanas en nuestro propio país, paralelamente en el ámbito público y en el privado, es claro y contundente: nuestros cuerpos no nos pertenecen, son presa de una encarnizada cacería que por un lado nos criminaliza por abortar y por otro nos asesina por no hacerlo. Eso sin considerar la esterilización forzada, con la que desde hace tantos años nos arrebatan en las instituciones de salud pública el derecho a decidir ser madres.

Este grotesco circo del odio, este mercadeo que llevan siglos haciendo a capricho con nuestros cuerpos, apoyados en leyes hechas a modo por ellos mismos y en religiones misóginas hechas a su imagen y semejanza, lleva siglos arrancándonos de nuestra propia voluntad. Orillándonos a vivir sin el derecho a vivir.

No somos  presas de caza. No estamos dispuestas a seguir siéndolo.

No olvidamos a Iraís, a Karla, ni a sus asesinos.

Exigimos justicia para Paulina.

Nuestros cuerpos son nuestros. No cejaremos en el empeño por hacer valer nuestro derecho a ser y a decidir.

No seguiremos consintiendo una cultura que nos trata como desechos.

Seguiremos en pie de lucha.

Hasta que la justicia se siente entre nosotras.

 

 

Referencias de los casos:

http://www.sinembargo.mx/24-10-2014/1151940
http://www.excelsior.com.mx/nacional/2015/08/31/1043149
http://www.excelsior.com.mx/nacional/2014/03/12/948278
http://www.proceso.com.mx/?p=364315

 

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